Entrevista a Jonathan Guilherme

julio 17, 2026

Por Sasha Ershova

Entrevistamos a Jonathan Guilherme, actor de la película O riso e a faca (La risa y la navaja, 2025) del director portugués Pedro Pinho. 



Sasha Ershova: ¡Hola! Muchas gracias por esta película. Es una obra realmente compleja y poliédrica, que invita a reflexionar e incluso a mirarse un poco en el espejo: pensar en la propia existencia y en la posición que ocupamos en el mundo. Mucha gente dice que la película es profundamente política y que tanto tú como Cléo aportáis una dimensión política muy fuerte al proyecto. 

Jonathan Guilherme: Para mí es imposible separar una cosa de la otra. Mi cuerpo ya es político. No puedo salir de eso. Creo que cada persona ve algo diferente en la película. Pero para mí hay algo muy simple: soy una persona negra de dos metros. Si simplemente estoy de pie en algún lugar y me quedo en silencio, ya estoy hablando de política. Solo por existir. Ahora mismo estamos sentados en la playa. Miro a mi alrededor y pienso: ¿cuántas personas negras hay aquí? ¿Y cuántas están disfrutando de la playa y no trabajando? Solo esa pregunta ya es política. 

Cuando Cléo y yo empezamos a trabajar en la película, entendíamos que íbamos a África a hacer una película sobre África, sobre nosotros mismos, pero junto a personas blancas. Ya ahí existía una conversación política. Por cierto, Cléo recibió después el premio a Mejor Actriz en Cannes por este trabajo. Y me parece que no se debe únicamente a la brillantez de su interpretación. Su sola presencia en la película ya tiene una dimensión política muy fuerte. Existe en pantalla al mismo tiempo como personaje y como persona, con su propia experiencia, su propia historia y su propio cuerpo. 

Sabíamos que teníamos que ser muy conscientes de lo que íbamos a filmar. De lo que ocurría con nuestros cuerpos dentro de la película. De cómo íbamos a ser vistos en Guinea-Bisáu, en Portugal o en Barcelona. Por eso nunca me pregunté: «¿Estoy hablando de política ahora mismo?». La política ya está aquí. Ya atraviesa mi cuerpo. 

Sasha: ¿Cómo empezó tu relación con la película? ¿Cómo conociste a Pedro Pinho? ¿Cómo fue el proceso de casting y preparación? Porque la película parece existir constantemente entre la ficción y la realidad. 

Jonathan: Fue una especie de fantasía. Pedro estaba buscando a alguien para interpretar a Guilherme. Un amigo mío, que también es actor, publicó una foto conmigo en Instagram. Pedro la vio, entró en mi perfil y decidió que yo tenía algo del personaje que estaba buscando. Me pidió que grabara un casting en vídeo. Después tuvimos una videollamada. Y durante esa conversación me dijeron que el papel era mío. Yo ya vivía en Barcelona. Me invitaron a Lisboa, donde conocí por primera vez a Cléo y a Sergi. Leímos juntos el guion. Después viajé a Guinea-Bisáu para conocer a las personas y los lugares que formarían parte de la película. Y unos meses más tarde regresé allí para el rodaje. Vivimos tres meses juntos. 

Sasha: Tres meses de rodaje y convivencia con el equipo es muchísimo tiempo. ¿Cómo fue ese proceso desde dentro? ¿Cómo eran vuestros días? 

Jonathan: Ya no era trabajo. Era vida. Viajábamos constantemente. Rodábamos. Hablábamos. Discutíamos. Nos reconciliábamos. Había días en los que llegábamos al set y no filmábamos nada. Pasábamos horas hablando de una escena. Discutíamos. Llorábamos. Nos enfadábamos. Y luego, de todo eso, nacía la escena. Por eso la película conserva tanta vida real. Con Cléo teníamos una relación muy parecida a la de hermanos. Nos queríamos muchísimo y al mismo tiempo discutíamos constantemente. 

Con Sergi la conexión surgió por otros caminos. Hablábamos mucho sobre el amor, sobre mudarse a otro país, sobre vivir entre diferentes lugares. Yo me vine a Europa por amor. Él también estaba viviendo algo parecido, una relación a distancia, y muchas veces hablábamos de eso. Pero al mismo tiempo siempre existía una tensión compleja entre nosotros. Estaba Cléo, una mujer negra que había vivido muchas cosas similares a las que había vivido yo. Y estaba Sergi, un hombre blanco europeo. Todos esos sentimientos convivían al mismo tiempo. Creo que la película conserva muy bien esa complejidad. 

Sasha: ¿Cómo fue para ti la experiencia de viajar y trabajar en Guinea-Bisáu? 

Jonathan: Para mi cabeza fue algo completamente inimaginable. Condujimos ocho horas por la sabana para rodar en Varela. Por el camino vimos un baobab. ¿Te imaginas? Un baobab de verdad. El árbol de la vida.Me subí a él y lo abracé. Fue un momento muy fuerte para mí. Pero hubo algo todavía más fuerte. De repente me encontré en un lugar donde todas las personas que me rodeaban eran negras: ell panadero era negro, la persona que limpiaba era negra, la persona detrás del mostrador era negra, el dueño del bar era negro, todo el mundo era negro. Y aquello abrió dentro de mí un mundo que no conocía. Fue una sensación muy fuerte. Muy fuerte. 

Sasha; En un momento de la película uno de los personajes te llama blanco. ¿Qué significó eso para ti? 

Jonathan: Esa frase no estaba en el guion. O al menos en mi guin, jajahja. Pedro a veses daba informaciones diferentes a distintos actores para provocar reacciones más espontáneas y más cercanas a la realidad documental. Improvisábamos mucho delante de la cámara. Al principio aquella frase me desconcertó. Pero esta frase sí que me tocó en verdad, pero después entendí que para muchas personas allí, cualquiera que llega desde fuera de África es percibido como blanco. 

Sasha: ¿Dónde vives actualmente? ¿Y de dónde eres? 

Jonathan Vivo en Barcelona desde hace ocho años.Me gusta vivir aquí. Pero si pudiera elegir, volvería a Río de Janeiro. Aquí todo es más tranquilo. Más seguro. Económicamente más fácil. Pero Río es Río. Por otro lado, aquí, en Barcelona, me encuentro cada día con lo que mucha gente llama «racismo invisible». Cruzo la ciudad todos los días y siento esas miradas.Estoy en un autobús lleno de gente y noto cómo algunas personas me observan o aprietan sus bolsos cuando me acerco. ¿Sabes? Eso existe. 


Sasha: La película tiene una relación muy particular con la cámara. ¿Cómo viviste tú esa experiencia? 

Jonathan: Pedro me enseñó una cosa muy importante: el silencio habla más que las palabras. Y que a la cámara le gusta el silencio. Por eso existía una relación entre la cámara y yo, convivíamos, a veces nos entendíamos y a veces no. Pero siempre había un diálogo entre nosotros. 

Sasha: ¿Tienes alguna escena favorita de la película? 

Jonathan: Mi favorita es la escena en la que mi personaje está con el cuchillo junto a Sergi mientras duerme. Para mí ahí está todo: el amor, la violencia, la risa, el cuchillo, la ternura, el deseo de matar, el deseo de perdonar. Toda la escena se sostiene en una línea muy fina entre el juego y el peligro. Creo que ahí la película se convierte realmente en sí misma. Y si hablamos de escenas con diálogo, mi favorita es la conversación en el bar. Fue la primera escena que rodé en toda mi vida. Mi primer día de rodaje y estaba muy nervioso. Pero empezamos a filmar y todo fluyó de manera natural. Nunca olvidaré ese día. 

Sasha: Después de una experiencia tan intensa, ¿seguís en contacto? 

Jonathan: Sí, cada vez que voy a Lisboa nos vemos, cenamos juntos, hablamos, nos apoyamos mucho. Nos hemos convertido en una familia. Y eso es una de las cosas más bonitas que puede darte el cine: una nueva familia.

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