Un poeta o la senda del perdedor
marzo 09, 2026Por John Carrillo
Con una sala llena y un público que se mostró participativo, esta noche del 3 de marzo se hizo el lanzamiento de la película colombiana Un poeta (2025) en los cines de Barcelona, la cual contará funciones continuas a partir del 17 de abril. En Cinemes Girona se realizó este preestreno, en compañía de su protagonista Ubeimar Ríos. El poeta y actor, nos compartió su experiencia luego de su paso en la gala de los premios Goya.
Esta película nos muestra la cotidianidad de los barrios altos de la ciudad de Medellín. Es una película tan colombiana que no teme burlarse del mismísimo nobel Gabriel García Marquez y de hacer referencias al gran poeta del Modernismo José Asunción Silva. Todo ello en medio de situaciones absurdas, llenas de sátira y comedia que, una y otra vez, ponen en ridículo al personaje principal Oscar Restrepo, un hombre noble y apocado, un profesor de escuela que se desvive por la poesía.
Simón Mesa (director de la película) muestra casi en crudo las calles de Medellín y de sus sectores populares; en la película no hay ningún interés por estetizar los lugares y las situaciones. Por el contrario, la comedia es el recurso narrativo con el que, momento tras momento, va avanzando la narración de la película. Oscar sabe que es un desastre como persona, pues ha sido un mal padre, es un mal poeta, y no tiene control con el licor. En medio de ese caos y de esa vida que parece estar rodando hacia un agujero, descubre a una alumna con capacidades innatas para escribir poesía, Yurlady, quien se convierte en un motivo para Oscar para sacudirse y quitarse ese halo de perdedor que parece cargar todo el tiempo, como un lastre en su espalda.
Mientras aquel profesor intenta animar a su alumna para que vaya a participar a un concurso de poesía y pueda leer allí sus poemas, vemos a Oscar como una persona acomplejada, con poca confianza sobre sí mismo y en su capacidad para escribir. Ha elegido llevar un sino trágico, el cual se refleja en su carácter, con el que vive y siente todos los días de su existencia. Oscar es un poco un poeta maldito; borrachín, bohemio, desordenado, y que por más triste y desesperanzado que parezca, no deja de ser un mal poeta. Precisamente, ese parece ser el más grande de sus males.
En los progresos por hacer que Yurlady se interese en escribir poesía, aparece otro personaje en la historia, Daniela; quien es la hija de Oscar. Debido al alcoholismo y el abandono que ha tenido Oscar con su hija, Daniela no parece quererlo, y no se interesa mucho por su papá. Esta es una relación difícil, pero que en el fondo guarda un sentimiento de afecto profundo, mutuo; que, a medida que se desarrolla la película, irá saliendo a flote poco a poco.
En Un poeta muchas veces se juega con el minimalismo, con pocos diálogos, y por momentos parecen importar más los gestos, las miradas, aquello que en medio del silencio comunica otras cosas. Oscar parece tener todo el tiempo una cara de tristeza, un aire de preocupación permanente que le ronda en la cabeza y se refleja en su mirada. Aquel ser incomprendido y malhadado, se abre paso entre la cotidianidad que se ensaña contra él. Lo vemos andar sin un peso en los bolsillos, casi siempre pidiendo plata prestada, contando monedas y estirando los billetes como queriendo que el dinero siempre le alcance.
Este personaje podría ser un buen discípulo de Charles Bukowski, tanto en su afición por el alcohol, como en su aire de poeta maldito. Así mismo lo es la película en general, una película sin grandes pretensiones, una película imperfecta que, al igual que los poemas de Bukowski, son realismo sucio; y que, a pesar de ser satírica, llega a enternecernos. Un poeta es una película que no busca disfrazar nada, no busca una gran puesta en escena; por el contrario, en algunas situaciones llega a ser casi tan descarnada y grotesca como la escritura de Bukowski. Pero en otros momentos parece hincharnos el corazón, recordándonos que a pesar de que a veces la realidad resulte ser como una lija áspera que nos pasa sobre la cara, a pesar de eso, en la mitad del pecho todos guardamos un pájaro azul.


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